El interés por los objetos artísticos es resultado de la capacidad de relacionarlos con el conjunto de obras de las que forman parte por su significado estético. Así lo revela la mayor proporción de visitantes de clase alta y educación superior, pero también la forma en que usan el museo: el tiempo destinado a la visita y la dedicación a cada obra, aumentan en aquellos que son capaces, por su nivel de instrucción, de captar mayor variedad de significados. Todos estos sistemas de signos no actúan de forma aislada sino que se integran para producir una unidad de sentido. En conclusión, no es necesario que todo lo que esté en escena sea interpretado; para eso está la redundancia del mensaje estético que bombardea al espectador con significantes que apuntan a un solo significado, sobre el que se vuelve de forma recurrente y reiterativa. Además, cada obra presenta su idiolecto, su propio uso de los sistemas semióticos. Así, en una obra, un objeto, un movimiento, un color pueden representar un concepto; en otra, un significado distinto.
sábado, 25 de agosto de 2007
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